Cuando yo era niña, había una historia con mucho inspiración
para mi. No sé como la escuché por
primera vez, pero cambió mi vida. Había
un hombre y sus cinco compañeros que dicidieron llevar sus familias al bosque
en Ecuador para vivir. Querían compartir
el evangelio con una tribu especificamente.
Esta tribu era muy violenta y cuasaban muchos problemas con las otras
personas afera de su tribu y también a dentro de sus familias. Tuvieron lanzas y las usaban para matarse
unos a otros. Ellos se estaban matando
más rápido de lo que podían tener hijos y los misioneros aprendieron que si
esta tribu continuaba matándose así, no existiría por mucho más tiempo. Entonces, era la misión de estes cinco
misioneros hablar y compartir el amor de Jesús con estas personas violentas.
Los misioneros hicieron contacto con unas personas de la
tribu y empezaron una relación con ellos.
Todo estaba bien hasta que algo pasó entre tres personas en la
tribu. Una mentira empezó todo. La tribu dijo que fue culpa de los misioneros
y las personas de la tribu se enojaron y mataron a los cinco misioneros.
Cuando las esposas de los misioneros escucharon las noticias
de sus esposos, estuvieron muy tristes, pero no solo por sus esposos; también
por la tribu. Tuvieron una amiga de la
tribu que escapó y estaba viviendo con ellos.
Ella quería regresar a su tribu y compartir el amor de Jesús con ellos
también. Ella estaba muy triste porque
su familia mató a la familia de sus amigos.
Las esposas decidieron ir con su amiga para vivir con la tribu y
compartir sus vidas con ellos. En el
principio, las personas de la tribu no tenían mucha confianza en ellas. Finalmente, cada miembro de la tribú
aceptaron a Cristo y empezaron a seguirlo.
Todavia están siguiendo a Jesús.
Cuando escuché de esta historia, yo sabía que este ejemplo
mostró dedicación verdadera a Jesús. Yo
sabía que Dios estaba llamándome a ser una misionera también. Cuando asistí a la universidad, tuve la
oportunidad de vivir en Ecuador por siete semanas. Visité la casa de los misioneros y me quedé
en el mismo pueblo de los misioneros por una semana. Este pueblo está muy cerca del pueblo de la
tribu. En este tiempo, yo estaba
luchando con Dios sobre mi llamado para ser una misionera. Yo sentí que no tenía nada para ofrecer a
Dios. Yo no sabía porque Dios me
escogió. Creí que yo era la peor
selección del mundo. Yo dejé mi llamado
y caminé en la otra dirección. Dios me
persiguió en una manera muy divina en un servicio de la iglesia. Le dí a Dios muchas excusas y razones porque
él no me quería. Cada razón era muy
razonable en mi opinion. Cada vez que
compartía una razón con Dios, el me respondió con otra razón que probaría
porque su selección era correcta. Esta
conversación continuó por mucho tiempo hasta que yo salí de la iglesia llorando
porque Dios ha hablado conmigo en una manera divina y aprendí la lección
profunda que Dios me ama, me ha llamado, y quiere que sea parte de su plan para
salvar a las personas del mundo y hacer rendención en ellos. Él me restauró en mi vida también en este
momento. Yo respondí a Dios que le
seguiré por el resto de mi vida en cualquier manera que el quiere que haga.
Esta historia es maravillosa como así, pero Dios la ha hecho
mejor. Hace seís meses, él me llamó para
regresar otra vez a Ecuador para vivir y servirle por dos años. Ecuador es el país donde mi llamado empezó,
terminó, y empezó de nuevo. Y ahora es
el país donde haré mi ministerio en unos meses.
Dios es un Dios de rendición completo, y lo ha mostrado en mi vida en
una manera especial.
He decidido seguirle por toda mi vida. No voy a hacer otra decisión. Él me ha dado tanto gozo, fuerza, y pasión
para hacer su voluntad para mi vida y él continua dándome estas cosas cada día
también. Él siempre viene conmigo y
estará conmigo en esta aventura también.